POEMAS DE UN EDUCADOR

 

 

Después de leer un poema de

Gabriela Mistral

 

 Después de tanto y tanto leerte ya me duelen los ojos. No sé como decirte lo mucho que me sirve leer tus antiguos escritos. No busco, desde luego, lo magistral de tu lenguaje y ni siquiera anhelo aprender un ápice –y harta falta que me haría-, de tu ciencia lingüística perfecta. No soy de los que te adulan falsamente en dudosos encuentros literarios, y tampoco te busco en demasía para dormirme con algún libro tuyo entre mis brazos, tratando de inspirar mi propia poesía. Reconozco que te he leído poco y mal y que no estás entre mis escritores favoritos, ni eres lo primero que busco en los anaqueles de las bibliotecas. Pero debo reconocer una deuda contigo. Cada línea de tus poemas de amor me han servido para vivir. No estoy hablando de la genialidad de tu estilo, hablo de reconocer el olor a sangre que mencionas. No hablo de entretenerme con una buena lectura. Hablo de amar en el vientre de las cosas, en el sonido de las piedras profundas que hacen morada entre tus versos, hablo de memorizar en las bodegas del corazón tus aguas enrabiadas y sensuales, tus profundos deseos humanos que nos ocultan en los colegios. Al leerte te reconozco. Escucho tu sangre que me habla con el lenguaje del agua y la furia de la tormenta. Por eso reconozco que no dejo de leerte, porque nunca el hueso fue más hueso que en tu vértebra de tinta, nunca la carne del amor fue más apasionada que en tu músculo verbal. Nunca el amor con su terrible furia se cantó con tal dureza de piedra, con tal ternura de viento. He aquí que tus cantos me parecen un himno para los futuros amantes cuyas pasiones dolidas en los misterios de las mareas se esconden. Allí puedo ver al hombre común que soba su omóplato y trabaja. Allí veo la pasión humana en su pequeña vértebra de atleta. Por eso te leo y no dejo de leerte. Porque tú me hablas con la sangre de quién amó y sufrió. Y yo puedo escucharte.

 

 

 

  

Las palabras prisioneras

 

 

Hoy no hay amor patriótico

en las heridas abiertas del cuaderno

Duros barrotes adornan esta cárcel

cuyas sílabas horadan el receloso

papel de estos muros,

la hermosura de candados y rejas

Las palabras serán libres cuando escriba

Apasionado será el viento sobre la piel de los océanos

 

Mariposas serán sus antiguos verbos

de mutiladas alas.

 

 

 

EL NIÑO QUE SE OLVIDÓ DE HABLAR

 a Víctor Muñoz, un alumno que me enseñó a leer en el silencio de las cosas.

soy profesor en una escuela de alumnos integrados

niños que necesitan una dedicación especial

aquí actúan e interactúan con todos los demás niños

aquí inventamos con ellos un cuaderno de sueños cada día

cada uno de ellos tiene una historia

cada uno tiene unos ojos más grandes detrás de sus ojos

cada uno tiene un lenguaje de hojas que sólo es posible

descifrar por medio de la poesía

cada uno tiene una experiencia en atardeceres

cada uno tiene un río desbandado que corre entre sus dedos

cada uno habla en un lenguaje de palabras de harina

somnolienta

y de cuadernos donde las alas de los pájaros

revolotean enterradas bajo el mar

la tarea de los educadores es leer el universo

que se esconde en esos ojos llenos de palabras no dichas

y escribir nuevas palabras que broten en las ventanas de la piel

es derribar los muros de la desconfianza

poner un armisticio a las declaraciones de guerra

comprender los diccionarios del dolor que se transforman en silencio

muchos de estos niños están heridos por la noche

y un llanto de palomas habita sus pupilas

nosotros trabajamos con personas

forjamos los engranajes del hierro que sangra

en un brazo despierto

y licuamos el cemento de unos ojos

apenas entreabiertos

nosotros estamos atentos a la hermosa arquitectura

de unos ojos que nos hablan sin hablar

somos especialistas en leer los silencios

en interpretar miradas donde anidan pájaros

leemos páginas en blanco

y escribimos poemas para expresar lo que no tiene

un lenguaje

Víctor llegó a comienzos de año

no hablaba  y lo único que hacía era quedarse en su puesto

absolutamente ajeno a lo que pasara con el resto del grupo

no miraba a nadie  no preguntaba  no sonreía

sea como sea para mí se convirtió en un desafío

debía existir una forma de comunicarse

de estrechar una mano como un diálogo

de descubrir puertas en la ausencia de palabras

comencé por saludarlo varias veces al día

rápido  sin darle oportunidad de responder

luego comencé a nombrarlo frente a los demás

así como está pensando víctor  decía

o bien  estoy seguro que víctor tiene un pensamiento                                                 secreto

un día lo invité a participar en un taller de                                                           creación histórica

estaba ahí aunque aún era el niño que se había

olvidado de hablar

les dije a los demás alumnos que le conversaran

sin importar si les respondía

me di cuenta que si dibujaba las tareas

se le hacían más fáciles

desde ese día insistí en sus dibujos

los conceptos debía traducirlos a imágenes y funcionaba

no establecía puentes verbales

transitaba caminos de imágenes y de colores

percibía de las cosas su música y su forma

nunca se comunicó conmigo con palabras

pero en sus dibujos pude entender su pensamiento

y cuando me mostraba sus tareas sus ojos se abrían como un libro

para cada actividad realizada me encargaba                                                                 de felicitarlo

y en hacer muy visibles las anotaciones y calificaciones positivas

quizá la educación sea eso   un intento desesperado

de comunicación entre los seres humanos

porque en cada hombre hay un mundo  más grande que las cordilleras

un diccionario que contiene todos los sentimientos

con Víctor  algo había sucedido

alguna cadena se había fracturado

algún hueso de viento ya no estaba en su sitio

sus dibujos fueron un lenguaje secreto que compartimos

un lenguaje que me enseño a leer el silencio de las cosas

el lenguaje perfumado de lo que no tiene que decirse

lo que nos hace ser personas

compañeros de viaje en la nave

                                                 del universo.

 

 

 

EL OFICIO DE ENSEÑAR

Para Rolando Aravena, mi profesor de básica.

era sólo el deseo que nacía de lo más

profundo de mis sentimientos

de lo más oscuro de los cabellos del aire

que soplaba la nieve de sus páramos en las

tribus nómades de mis ojos

aunque antes no lo sabía ni me lo explicaba

de esta forma

me gustaba aprender cosas y mostrárselas

a los demás

observaba el vuelo de los pájaros

veloces sobre los caminos

y me llamaba la atención el movimiento

perfecto de sus alas al sincronizar sus picadas

con la velocidad del viento

memorizaba los colores de los montes nevados

el obituario donde los cazadores descansan

cuando los días mueren

y era experto en las puestas de sol

siempre quise enseñar

guiar a otros a la luz del abismo

entregar a otros mi pequeña palabra

porque dar la palabra que nos pertenece

es dar todas las distancias del cuerpo

todas las estaciones pedidas y los

paraderos acongojados

es testamentar las llamaradas de los espejos

y la  impetuosidad de los árboles

siempre quise enseñar

a veces me encontraba contando historias

a mis amigos de colegio

y no me llamaba la atención  el silencio con que

me escuchaban

era normal para mí transformar

la realidad en palabras

avanzar más allá de las costas de las miradas

hasta las cercas del otro que se nos presenta

con los ojos en las manos

mi misión entonces fue buscar esa palabra

en los baúles de su corazón

en las hospederías de sus manos

debí escarbar el aire para llegar

a esos ojos que iluminaban mi propia oscuridad

debí aprender primero su distancia

la forma de su paso

las puertas cerradas que debía abrir

sus candados aferrados a las mareas

qué decirle entonces a aquél

que confiadamente espera algo de las piedras

que arrojo

qué decirle a aquél que me presta la vehemencia

de los barcos que se pierden detrás del

llanto de las nubes

a aquél que también me enseña

porque cada hombre y mujer está llenos

de infinitas páginas que debemos

aprender a leer

he aquí mi título de profesor

no tengo nada que enseñarte

a lo más podría señalarte una posibilidad

indicarte la orilla de un camino

compartir contigo la luz que se desprende

de las puertas entreabiertas

y contarte como yo mismo he navegado

en la sangre que fluye en los músculos  del aire

hacia los prados que siempre nos son desconocidos

escucha bien que digo

que tengo muy poco que ofrecerte

esa es mi confesión de enseñante

y sin embargo detrás de las malheridas bibliotecas

podemos reconocer los profundos ojos

de las flores

y la luz reverberante que se esconde

aún en la profundidad de las acequias más oscuras

he allí mi trabajo

aprender de ti tanto como tú aprendes

de mí

pero sin la coraza de los libros

apenas un contacto de palabras

un canto silencioso de avenidas y de pájaros

un apretón de manos

que nos indique que los caminos no están hechos

que las mejores palabras no están escritas

que los sueños no tienen dueño

que la luna tiene un sueño para cada uno

de nosotros

y que todos podemos escribir un párrafo

de flores y de agua

para continuar la aventura humana

los páramos aún no descubiertos

los inventos que salvarán vidas

la historiografía de las flores salvajes

los arados enfermos de las reformas sociales

el incendio de las bombas sin ojos

los poemas que leerán los futuros amantes

en los embarcaderos de la luna.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

2 comentarios el “POEMAS DE UN EDUCADOR

  1. A pesar deque piensas que no tienes la capacidad de la narrativa, tus poemas tienen mucho de historia (no de la que tú practicas, sino la de la otra, aquella que nace del alma parta convertirse en fábula, lee tus poemas y verás…
    mauricio

  2. holaaa pariaguan yo les doy este comentario a los maestros x ser buenos y con su enseñansa pueden enseñar a que
    ien mas lo necesita soy de a qui de pariaguan quiero a todos los maestros que enseñan el dia de hoy graciassssssssssssss………………………,,,,,,,,,,,,,,,,maestros “por enseñarnos´´los quiero

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